Marcos usa un ritmo urgente. Los episodios se encadenan y Jesus aparece siempre en movimiento: ensenando, sanando, confrontando, llamando.
Pero esa velocidad narrativa no significa lectura apresurada. Al contrario, conviene detenerse en lo que los discipulos no entienden.
Leer Marcos desde el camino nos recuerda que seguir a Jesus es aprender mientras se avanza, no esperar a tener todo resuelto.